El Camuflaje

•Abril 25, 2007 • Dejar un comentario

Proyecto Fachada/ Trabajos de Utilidad Pública, Arte Colectivo.
Intervención en la casa de Doña María Isabel Melendez, Villa Simón Bolívar ex Guerrillero Manuel Rodríguez, Comuna de Peñalolen

 Santiago – Chile.
2005

Casa y Partes

•Abril 25, 2007 • Dejar un comentario

Proyecto Fachada/ Trabajos de Utilidad Pública, Arte Colectivo.
Intervención en la casa de Don Luis Pinto, Villa Simón Bolívar, ex Guerrillero Manuel Rodríguez, Comuna de Peñalolen
Santiago – Chile.
2005

FISIOLOGÍA

•Abril 23, 2007 • Dejar un comentario

tejido

Francesca Lombardo

Stgo. Enero de 2006 

“Se nos habla de una práctica singular, que es de regla en la marina inglesa. Todos los cordajes de la flota real, del más grueso al más delgado, son trenzados de tal suerte que un hilo rojo los recorre de principio a fin y al que no se puede extraer sin que el conjunto entero se deshaga, y donde el más pequeño fragmento permite reconocer que pertenece a la corona.” 

J.W. Goethe (Las afinidades electivas II Pg. 27)              

   Un hilo recorre, dibuja, se teje en el trenzado de la cartografía urbana, ese hilo religa las partes y caracteriza al conjunto completo. Sin que el conjunto lo sepa con lucidez, sin que voluntariamente los modos, los gestos, los detalles revelen una arquitectura abigarrada de sentidos en la que se confunden indisociablemente la parte y el todo, la historia individual y la colectiva. Cordaje horizontal, a ras de tierra, así traducimos en malicia y en ironía el epígrafe de Goethe, ése que nos sirve para encabezar este texto. Cada parte, cada fragmento permite reconocer que “pertenece a la corona”, a nuestra corona que en lo trágico y en lo cómico de nuestra historia ha rodado impenitentemente por el suelo. Corona horizontal también, de cartón piedra, de latón, de huesitos de pollo, corona que designa en primera instancia un círculo destinado a ceñir la cabeza, asentando simbólicamente la autoridad, el mérito y una pertenencia. Pero coronar también significa concluir, cerrar, finalizar; en este sentido nuestra corona deja siempre abierto el posible, lo no concluido. 

El epígrafe permite entonces, aparte de la ironía, una primera asociación respecto al cordaje, el entramado que tensa y soporta, y que hace transitar en sí las señas inconfundibles de pertenencia, de territorialidad. Pero por otra parte, el título “Fisiología” remite más bien al estudio de la “PHYSIS”, la materia, la naturaleza y las funciones de los órganos y tejidos de los seres vivos. Funciones de nutrición, motricidad, sensibilidad y regulación con que la vida se administra. El cordaje, por tanto, es animado por la pulsación de los organismos que lo componen; es un cordaje físico y fisiológico, y su saber es un saber experimental, ligado al implante, la resistencia, el crecimiento y la reproducción. Historia física de materia viva, historia fisiológica de población creando territorio. 

En la prehistoria, pequeñas células que emigran buscando suelo. En la historia, el implante titubeante en un sitio móvil que lentamente empieza a dibujar su encaje sobre el borde de la zona operada, en el eriazo que, a velocidad variable, permitirá la consistencia de un sitio de verdad, es decir, real. La física, como saber de la materia, es un saber trágico. La masa, la fuerza, el roce, la usura la habitan. Lo trágico radica precisamente en el espacio, en el tiempo y en la manera para el viviente de percibirlo como velocidad. Así, el cordaje, viviéndose, puebla el eriazo y lo hace por ensamblajes, mezclas y escarificaciones de los materiales. Huellas reales en el cemento o el ladrillo que no alcanzó y que fue aplazado o proseguido en artificio, en suplencia. Huellas más abstractas ligadas a una imaginería social y afectiva, que levanta una heráldica en el suelo que habita, en las crías, en los sueños que sobreviven a infinitas temperaturas. Ciencia natural de lo anónimo viviente, la substancia que la ciudad es y que por espasmos se dilata, se repliega y señala en yuxtaposición lo barroco de sus montajes. 

Se trata de un remapeo, donde el agente (el artista) hace posible otra versión del levantamiento, haciéndolo rendir en trabajo actual que asegure la revitalización del hilo rojo que lo recorre, es decir, desempolvando las marcas de la subjetividad en esas construcciones. Pasiones sectoriales donde el problema es sobrevivir o, mejor aún, vivir frente o contiguo al nicho del otro, de los otros. Un arte el tomar aliento en las intersecciones, el mar de fondo frente a las plantas medicinales, el pescado frito o las sopaipillas cruzándose con las arpilleras hablantes, la desabolladura, por fin todo el hilo rojo. 

¿Artes visuales querrá decir oficios del dar a ver? Si es así, tendrá que ver con exponer operaciones, aplicaciones y desenterramientos. Exhibir ante los ojos, no necesariamente en este caso los órganos visuales, sino los ojos como órganos de la memoria, de la imagen, de los afectos. Ojos que miran en la ausencia, en el fragmento y el cruce. Este trabajo me parece ligado a un hacer topográfico. Él sitia el sitio y exhibe sus amarres fundacionales, esos que comparecen encubiertos  por las funciones operativas, domésticas, cotidianas. Ésa es su forma, su manera de obligar a hablar a lo sin palabra, alterando así la mudez histórica, urbana y estética. 

El artista se infiltra, permea los medios, trafica con su propia memoria los retazos colectivos, ve y mira con ensañamiento toda costura de olvido. Recolecta vistas y decires, recolecta fotografías y las devuelve transformadas en documentos, fija su atención en el relieve enigmático de las estrellas en la parte baja de un frontis, en la opulencia de los enrejados, los pórticos, las columnas. Él mira y traduce, le reintegra sentido a las defensas orlando ciertas fachadas, -defensas, como se dice de los colmillos de algunos grandes mamíferos-el elefante, el jabalí, la morsa. Interpreta y llama a la transacción, a la antigua noción del mercado en la plaza pública. Cita a los vecinos a jugar al negocio, se las ingenia para que la circulación se haga palabras, memoria e imágenes compartidas. Un ajetreo que hace relumbrar lo que es un barrio, una vecindad. La obra apuesta a la inventividad de su arte en desenterrar los cordajes, la pertenencia, el odio y el amor con que está conformado el humano hilo rojo.

CIRUGÍAS PLÁSTICAS

•Abril 23, 2007 • 2 comentarios

  

Nayaret Saúd

Santiago. Enero 2006. 

“Porque hay que decir una vez más que en ninguna parte prolifera mejor lo posible que sobre las ruinas de lo real”

“El viento paráclito” Michel Tournier, 1994. 

  Construir es dar forma, es levantar, edificar, es izar o apilar. Es haber trazado en el aire o en el papel o surcado la tierra. Una construcción tiene forma, pero no necesariamente, vida. Un espacio no es un lugar, un lugar requiere de una fundación. Fundar es clavar la estaca, atraer sobre sí todo el sol desierto, dimensionar el horizonte, medir los pasos, es plantar el pie en la tierra seca, sedienta o sudorosa. Es historizar el futuro. Fundar es el gesto de posesión que dibuja una frontera, un delante y un detrás, un adentro y un afuera, un antes y un después.  Espacio, tiempo…cuerpo. Cuerpo animado o cuerpo yacente. Cuerpo cardinal, cuerpo de coordenadas terrestres y celestes. Cuerpo que crea mundo en la medida en que todo lo que existe se moldea a su imagen y semejanza: modelo herramentario, extensión utilitaria, o destino de reinvención. Así, a partir siempre del cuerpo, el humano modela un exterior que se le devuelve como obra viviente, autónoma, paradójicamente como fuente de tentativa a la perfección, a la inmortalidad, a la inmanencia. En paralelo y al unísono, se va fecundando la interioridad, eso que aparece como reverso de lo externo, ajeno, desgajado de la proximidad del tacto y la prensión.  El interior nace, entonces, con la pretensión de ser lo propio, lo no enajenable, lo inaprensible, lo oculto, lo clandestino, lo perdurable, así como lo efímero por definición,-tal como se representan la memoria y el pensamiento-. Interior emparentado con la profundidad más abigarrada así como con el rincón más vacío, lugar de residencia mítica de la nada, del hueco apozado. Mundo de caverna, de fosa, de estómago, útero, intestino, o cerebro, de “alma”, pero también de casa, de morada. Entre uno y otro mundo existe una zona sensible, de radar fronterizo. Esta zona, agujereada por los órganos de los sentidos, es una malla milimetrada, es una piel que respira. Piel: frontera laminada, fortaleza interior, membrana porosa, cáscara que se seca se pudre y cicatriza. Saco, envoltura, tela elástica, tejido plástico. Curvatura insaciable, pantomima de rectas. Regocijo de la materialidad infinitesimal.Velo de la transparencia imposible.Gendarme de la humedad vital.Delator de la edad, el oficio, la clase social, la enfermedad y la muerte.Mapa de rutas trazadas y “paleadas” por las retroexcavadoras del tiempo.Territorio del otro. Este límite entre lo público y lo privado se viste, se engalana, se recubre, pero también se interviene en la desnudez. Cualquier intervención a un cuerpo transita por la piel, ella concede el pase de entrada, pero se reserva el derecho de contar. Sí, la piel, la fachada tiene vocación literaria. Ella cuenta, relata, chismorrea, acoge la vecindad a través de la imagen y la palabra. La sonoridad de las palabras se pasea por las fachadas, por ese espacio siempre social que no es ni público ni  privado, ni interior ni exterior, ni casa ni calle, ni de todos ni de nadie. No hay espacio sin tiempo. No hay cuerpo sin lenguaje. No hay fundación sin palabra. No hay construcción de lugar sin mito. “Detrás de la ronda de las horas y los puntos salientes del paisaje se encuentran, en efecto, palabras y lenguajes: palabras especializadas de la liturgia, del “antiguo ritual”, en contraste con las del taller “que canta y que charla”; palabras también de todos aquellos que, hablando el mismo lenguaje reconocen que pertenecen al mismo mundo”(1)  El escritor Michel Tournier recuerda que el hombre se libra de la animalidad gracias únicamente a la mitología. El hombre no llega a ser hombre, no adquiere un sexo, un corazón y una imaginación de hombre más que gracias al murmullo de historias, al caleidoscopio de imágenes que rodean al niño desde la cuna y le acompañan hasta la tumba. Es esa palabra fundadora –plegaria al cielo, grito de arenga o susurro cómplice-, la que recupera, para convertirla en mito refundacional,  el artista visual. A partir de su “invasión íntima” en los recorridos, en los recuerdos, en las alianzas, en los dolores, en las conquistas y en las fugas interiores de los vecinos, de aquellos protagonistas de la colonización del eriazo-margen de la ciudad, el artista detiene la abducción hacia el interior de las viviendas y conmina a reponer la palabra. Esta recuperación, que convierte los desechos en historia e identidad, se desliza por las rendijas y los umbrales, haciendo reversible algo de lo interno, de aquello que corrientemente se guarda puertas adentro. Aceita las bisagras y abre las ventanas, exhibiendo piezas de esos museos íntimos y colectivos. Ella extiende y alarga los perímetros de las propiedades, creando intersecciones retóricas y de lugar.  Pero la intervención de estos artistas excede la palabra y la retórica. Ella dispone en el centro de su operación un conmutador que traduce el discurso de los vecinos en objetos vivientes, discretos monumentos del cotidiano y la memoria que han devenido símbolos de subjetividad, de historias de amor, de ambiciones, de pasión y de luchas. Objetos, que al ser desempolvados por el cruce de imaginarios entre los pobladores y el artista, se les restituye su carácter siempre social, su origen amoroso, económico o político. Las arpilleras que denunciaban clandestinamente las vivencias de horror ocurridas en la dictadura, retoman su vocación de historiadoras. La “pescá” frita se toma la vereda y la convierte en playa marina. Los maceteros colgados en la reja instalan la farmacia de una machi. Las latas que temen a la abolladura de la ley de la propiedad y los impuestos internos, exhiben al fin su oficio de aire y fuego, venden su amor por las superficies sin sombras.  De palabras a objetos, de objetos a palabras. En esta conmutación casi alquímica, casi mágica, se opera una intervención simbólica que legaliza las prácticas de comercio con el mundo. Restablece la socialidad esencial de un grupo humano, otorgándole derecho de vida pública a los intercambios ocultados por las puertas y las fachadas que se han hecho espesas e impermeables. Sí, intervenciones de utilidad pública, aunque no de urgencia, no de tajos cosidos en la Posta, a granel y sin recursos. No, más bien cirugías plásticas de fina confección. Cirugías que revitalizan la piel de la comunidad a través de cortes sutiles en el flujo cotidiano de la supervivencia ingrata y enceguecedora. Cortes que abren las interminables capas cárneas de la memoria comunitaria. Aperturas de esa frontera laminada que respira y habla en la fachada. Cirugías reconstructivas de ese tejido plástico que es la comunidad. Cirugías que esculpen las ruinas de lo real. (1) Marc Augé. “Los no lugares” (1992) Editorial Gedisa, S.A. Barcelona, 2004.

El Señor de las Estrellas

•Abril 19, 2007 • Dejar un comentario

 Proyecto Fachada/ Trabajos de Utilidad Pública, Arte Colectivo.
Intervención en la casa de Don Raúl Hiriarte, Villa Simón Bolívar ex Guerrillero Manuel Rodríguez, Comuna de Peñalolen; Santiago – Chile.
2005

Mar de Fondo

•Abril 18, 2007 • Dejar un comentario

Proyecto Fachada/ Trabajos de Utilidad Pública, Arte Colectivo.
Intervención en la casa de Doña Margarita Cofré, Villa Simón Bolívar ex Guerrillero Manuel Rodríguez, Comuna de Peñalolen; Santiago – Chile.

Traiga su Foto / Villa Jaime Eyzaguirre, Macul, Santiago

•Abril 15, 2007 • 4 comentarios

Traiga su Foto / MAC – Espacio Quinta Normal

•Octubre 26, 2006 • Dejar un comentario

expo mac

 

El día 11 de noviembre hicimos entrega de las fotos enmarcadas a aquellos que participaron de este trabajo.

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Traiga su Foto

•Septiembre 27, 2006 • Dejar un comentario

 

aviso

 Traiga su foto al MAC, Quinta Normal 

   El día 11 de octubre se inaugura la muestra Spam- City, diálogos sobre la ciudad contemporánea, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Espacio Quinta Normal. Esta exposición, presentará los trabajos de arquitectos, artistas y grupos multidisciplinarios, nacionales y extranjeros, que construyen sus obras a partir de la observación e investigación del espacio urbano y las construcciones que las personas realizan al habitarlos. Esta exposición, además, será acompañada de mesas de conversación y un workshop.EL colectivo de arte, Trabajos de Utilidad Pública (TUP), realizará el trabajo “Traiga su foto”, iniciativa que invita a la población de la ciudad de Santiago a llevar al Museo una fotografía en la que aparezcan junto a la fachada de la casa en la que habitan o habitaron (imagen  reciente o antigua).En una sala del MAC, se habilitará una mesa donde se recibirá este material. Los integrantes del colectivo Trabajos de Utilidad Pública (TUP), digitalizarán, imprimirán y enmarcarán cada una de las fotos recibidas y, acto seguido, las montarán en las paredes de la misma sala para dar cuerpo a lo que será la exposición.La recolección se realizará los fines de semana (días sábado o domingo), desde el 11 de octubre al 10 de noviembre entre las 12:30 y 18:00 horas, es decir durante todo el tiempo que dure la exposición. Al momento de recibir la fotografía se llenará una ficha donde se consignarán los datos personales y la fecha y el lugar donde fue tomada. Estos datos servirán de referente para marcar un plano de Santiago que colgará de una de las paredes de la sala de exposiciones. De esta manera cada sujeto que participe, llevando su foto, quedará simbólicamente consignado en el mapa de la capital con un punto de color que representará la procedencia de la imagen.Cabe señalar que las personas que lleven su foto, tienen libre acceso ese día al Museo. Este trabajo se plantea como un proceso dinámico y orgánico pues implica la transformación del paisaje de
la Muestra con la incorporación de las imágenes y la huella en el mapa; pero además, propone el protagonismo del ciudadano o ciudadana quienes serán espectadores y realizadores de esta obra colectiva.El museo en sí actuará como metáfora de la ciudad ya que al ser soporte de este ejercicio de ciudadanía de convertirá en un “ente” diferente a su estatuto establecido. El museo permitirá que exista una apropiación de su formato, generando una pertenencia en tanto espacio público, para los habitantes de la urbe, como privado pues cada individuo estará presente en este lugar desde su foto íntima.
 Como el sentido de este trabajo es habilitar espacios de reconocimiento y conversación ciudadana, el cierre será acompañada de un cóctel que permitirá un encuentro entre los expositores y los participantes (habitantes de la ciudad de Santiago que exhibieron su imagen), para propiciar el diálogo, en suma el relato personal y la anécdota que informan y dan cuerpo a cualquier imagen fotográfica.  ¿Cómo operará este ejercicio de participación artística de la ciudadanía?Mediante un comprobante, entregado al recibir la foto, invitaremos a su “dueño” a esta actividad diseñada para el cierre de la exposición. Cada participante de esta actividad podrá:1.- Recoger la foto enmarcada, que se le entregará como regalo.2.- Participar de un cóctel, donde se propiciará una conversación, la cual será registrada en formato audiovisual para realizar posteriormente un video que dé cuenta de la totalidad del trabajo.  Invitamos a todos los habitantes de la Región Metropolitana a participar y sumarse a este proyecto colectivo de ciudadanía y arte. Colectivo Trabajos de Utilidad Pública (TUP), Septiembre 2006     Se agradece su difusión. www.trabajosdeutilidadpublica.cl  ;  www.spam-arq.clNota: puede enviar su foto por mail a  traigasufoto@gmail.com (resolución 300 dpi)